La 146ª Sesión del Comité Olímpico Internacional -COI- puede haber aprobado una de las reformas de gobernanza más importantes de la historia reciente del Movimiento Olímpico. Buena parte de la atención se ha centrado en la decisión de evaluar disciplinas individuales, y no solo deportes completos, a la hora de determinar los futuros programas olímpicos a partir de Brisbane 2032, pero el cambio de fondo va más allá.

La reforma elimina de la Carta Olímpica la lista de Federaciones Internacionales -FI- reconocidas dentro del programa olímpico y concede al COI una mayor flexibilidad en su gestión. Ese movimiento es clave: el sistema deja de organizarse alrededor de una relación estable entre deporte, federación y programa olímpico, y pasa a apoyarse en una lógica más revisable, construida disciplina por disciplina y edición por edición. A primera vista puede parecer una modificación administrativa. No lo es. Es un cambio de filosofía.

De deporte olímpico a disciplina incluida en los Juegos

Durante décadas, las federaciones internacionales se movieron dentro de un marco construido sobre una estabilidad relativa. La inclusión olímpica nunca fue una garantía eterna, pero el propio sistema sugería continuidad. Las federaciones estaban integradas en la arquitectura de la Carta Olímpica y la participación en los Juegos se percibía, en muchos casos, como un estatus de largo recorrido más que como una posición sometida a revisión constante. El nuevo marco introduce una mentalidad distinta: la flexibilidad sustituye a la permanencia, la evaluación sustituye a la presunción y la relevancia deja de ser una condición heredada para convertirse en algo que debe demostrarse de forma continua.

La frase tradicional del Movimiento Olímpico era sencilla: “somos un deporte olímpico”. La realidad emergente puede ser otra: “somos un deporte con disciplinas incluidas en el programa de los próximos Juegos Olímpicos”. La pregunta ya no será únicamente si un deporte pertenece al programa olímpico, sino qué disciplinas dentro de ese deporte siguen justificando su presencia, un matiz que puede modificar la planificación, la inversión y la estrategia de muchas federaciones durante los próximos ciclos.

El nuevo calendario del programa olímpico

La nueva metodología ordena el proceso con una secuencia más flexible: siete años antes de unos Juegos, la Sesión del COI deberá acordar la lista de disciplinas; cinco años antes, se valorarán los deportes o disciplinas añadidos por el comité organizador, en función del contexto local y de las ambiciones deportivas de la sede; y tres años antes, se aprobarán los eventos y las cuotas de atletas, lo que permitirá cerrar el programa con una evaluación más ajustada de capacidad, coste y complejidad. El proceso fue presentado por Kirsty Coventry junto a Karl Stoss, presidente de la Comisión del Programa Olímpico, como una forma de ordenar con mayor claridad la entrada, permanencia o regreso de disciplinas al programa.

El sistema también introduce una diferencia clave entre disciplinas incumbentes y disciplinas candidatas. Las disciplinas incluidas en el contrato de ciudad sede partirán como incumbentes, mientras que el resto quedarán como candidatas. Todas serán revisadas, calificadas y consideradas de manera independiente. Las seleccionadas deberán encajar en los criterios estratégicos del COI y en la capacidad operativa del comité organizador; las no elegidas podrán volver a ser candidatas para la siguiente edición. Coventry también ha advertido de que Los Ángeles 2028 tendrá 36 deportes y que Brisbane 2032 no repetirá necesariamente ese volumen.

Ganadores y perdedores de la nueva flexibilidad

La reforma puede beneficiar a disciplinas más adaptables, sostenibles, económicas, urbanas, mediáticas o con mayor conexión con públicos jóvenes. También puede dar más margen a los comités organizadores para proponer un programa alineado con el contexto local y con sus propias prioridades deportivas. En ese escenario, el acceso olímpico podría abrirse a disciplinas que durante años habían visto el programa como una estructura demasiado cerrada, mientras que las federaciones deberán trabajar con criterios más visibles de relevancia, audiencia, juventud, sostenibilidad, coste y complejidad.

El reverso es evidente para las disciplinas con mayor coste, menor audiencia, más complejidad logística o fuerte dependencia del escaparate olímpico. Para ellas, la nueva flexibilidad puede convertirse en una presión permanente. La evaluación independiente de disciplinas también puede alterar equilibrios internos dentro de una misma federación, porque no todas sus áreas tendrán el mismo valor estratégico para el COI ni la misma capacidad de defender su plaza en el programa.

Una nueva relación entre el COI y las federaciones

Para el COI, la reforma refuerza la gestión central del programa olímpico y le permite responder con mayor rapidez a las presiones de coste, sostenibilidad, tamaño, relevancia global y atractivo a largo plazo. Para las federaciones internacionales, sin embargo, también puede crear incentivos nuevos. Si el estatus olímpico se vuelve más revisable, muchas federaciones pueden verse empujadas a fortalecer sus propios campeonatos, sus activos comerciales, sus plataformas audiovisuales, sus datos de audiencia y su independencia fuera del ciclo olímpico.

Ese cambio no implica necesariamente conflicto entre el COI y las federaciones, pero sí apunta a un equilibrio distinto dentro del ecosistema olímpico. La discusión futura puede dejar de girar solo alrededor de qué deportes pertenecen a los Juegos y centrarse cada vez más en qué disciplinas siguen mereciendo estar dentro de ellos. En la práctica, el concepto clásico de deporte olímpico puede perder parte de su sentido histórico: ya no existirían deportes olímpicos como categoría permanente, sino deportes con disciplinas presentes en el programa de los próximos Juegos. Si el estatus olímpico ya no es permanente, la siguiente pregunta será cómo responderán las federaciones internacionales.

_______________________________________________________________________

The end of permanent Olympic status

Javier Nieto
June 24, 2026

The 146th IOC Session may have approved one of the most important governance reforms in the recent history of the Olympic Movement. Much of the attention has focused on the decision to evaluate individual disciplines, and not only entire sports, when determining future Olympic programmes from Brisbane 2032 onwards, but the deeper change goes further.

The reform removes from the Olympic Charter the list of International Federations -IFs- recognised within the Olympic programme and grants the IOC greater flexibility in managing it. That move is central: the system is no longer organised around a stable relationship between sport, federation and Olympic programme, but around a more reviewable logic, built discipline by discipline and edition by edition. At first glance, it may look like an administrative amendment. It is not. It is a change in philosophy.

From Olympic sport to discipline included in the Games

For decades, international federations operated within a framework built on relative stability. Olympic inclusion was never an eternal guarantee, but the system itself suggested continuity. Federations were embedded in the architecture of the Olympic Charter and participation in the Games was often perceived as a long-term status rather than a position subject to constant review. The new framework introduces a different mindset: flexibility replaces permanence, evaluation replaces assumption and relevance is no longer an inherited condition, but something that must be continuously demonstrated.

The traditional language of the Olympic Movement was simple: “We are an Olympic sport”. The emerging reality may be different: “We are a sport with disciplines included in the programme of the next Olympic Games”. The question will no longer be only whether a sport belongs to the Olympic programme, but which disciplines within that sport continue to justify their place, a distinction that may reshape planning, investment and strategy for many federations over the coming cycles.

The new Olympic programme timeline

The new methodology structures the process through a more flexible sequence: seven years before the Games, the IOC Session will agree the list of disciplines; five years out, any sports or disciplines added by the organising committee will be considered, taking into account the local context and the host’s sporting ambitions; and three years out, events and athlete quotas will be approved, allowing the programme to be finalised through a more precise assessment of capacity, cost and complexity. The process was presented by Kirsty Coventry alongside Karl Stoss, chair of the Olympic Programme Commission, as a way to provide greater clarity on how disciplines can enter, remain in or return to the programme.

The system also introduces a key distinction between incumbent disciplines and candidate disciplines. Disciplines included in the Host City Contract will start as incumbents, while the rest will be treated as candidates. All disciplines will be reviewed, graded and considered independently. Those selected will have to fit the IOC’s strategic criteria and the operational capacity of the organising committee; those not selected may return as candidates for the following edition. Coventry has also warned that Los Angeles 2028 will have 36 sports and that Brisbane 2032 will not necessarily repeat that number.

Winners and losers of the new flexibility

 

The reform may benefit disciplines that are more adaptable, sustainable, cost-efficient, urban, media-friendly or more connected with younger audiences. It may also give organising committees more room to propose a programme aligned with the local context and their own sporting priorities. In that scenario, Olympic access could open up to disciplines that for years had seen the programme as too closed a structure, while federations will have to work with more visible criteria around relevance, audience, youth appeal, sustainability, cost and complexity.

The other side is clear for disciplines with higher costs, lower audiences, greater logistical complexity or strong dependence on the Olympic platform. For them, this new flexibility may become a permanent pressure. The independent evaluation of disciplines may also alter internal balances within the same federation, because not all areas will have the same strategic value for the IOC or the same ability to defend their place in the programme.

A new relationship between the IOC and federations

For the IOC, the reform strengthens central management of the Olympic programme and allows it to respond more quickly to pressures around cost, sustainability, size, global relevance and long-term attractiveness. For international federations, however, it may also create new incentives. If Olympic status becomes more reviewable, many federations may be pushed to strengthen their own championships, commercial assets, media platforms, audience data and independence outside the Olympic cycle.

That shift does not necessarily imply conflict between the IOC and federations, but it does point to a different balance within the Olympic ecosystem. The future debate may no longer revolve only around which sports belong in the Games, but increasingly around which disciplines continue to deserve a place within them. In practice, the classic concept of Olympic sport may lose part of its historical meaning: there would no longer be Olympic sports as a permanent category, but sports with disciplines present in the programme of the next Olympic Games. If Olympic status is no longer permanent, the next question is how International Federations will respond.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here